domingo, 29 de marzo de 2015

Detectan conciencia después de la muerte

Vida después de la muerte: detectan "conciencia"

Investigaron 2.000 casos.El estudio se hizo en Reino Unido, EE.UU. y Austria. El autor le dijo a Viva: "Hay alguna evidencia de que la conciencia podría continuar después de que se detiene el corazón y el cerebro deja de funcionar". Polémica entre especialistas.




Esta conferencia trata de la demostración científica de la existencia de vida después de la muerte. El Dr. Charbonier mediante experimentos pudo comprobar que personas clínicamente muertas, sin actividad cerebral alguna, vueltas a la vida, pudieron describir eventos que ocurrieron mientras estaban muertas. Este hecho pondría en tela de juicio la idea de que la conciencia humana reposa en el cerebro, y que una vez muerto el cerebro, muere la conciencia.



Es una de las preguntas eternas de la humanidad: ¿existe la vida después de la muerte? El debate lleva milenios. Ya en tiempos de Platón (siglo IV a. C.) la respuesta afirmativa estaba en tela de juicio, a tal punto que el filósofo griego se vio obligado a escribir uno de sus diálogos, el Fedón, enumerando diversos argumentos que probasen la inmortalidad del alma.

Casi 2.400 años después, la ciencia parece estar más cerca de dar una respuesta concreta sobre el tema. Ya cuenta con los resultados del mayor estudio en el mundo relacionado con la conciencia en el momento de la muerte. La investigación fue liderada por el científico Sam Parnia, de la británica Universidad de Southampton. Durante cuatro años se estudiaron más de 2.000 casos de infarto cardíaco en 15 hospitales del Reino Unido, Estados Unidos y Austria. De los sobrevivientes, el 39 por ciento experimentó algún estado de conciencia. De ellos, casi la mitad dijo haber tenido recuerdos, mientras que un 9 por ciento declaró haber vivido lo que se conoce como una "experiencia cercana a la muerte" (ECM).

Lo más interesante es que se verificó un caso que podría revolucionar el enfoque en la investigación del fenómeno. Un paciente dijo haber visto, desde la esquina de la sala de operaciones, los intentos de los médicos por reanimarlo. El relato es consistente con lo que ocurrió en la realidad, pero eso no es lo más sorprendente. "Estuvo consciente -cuenta Parnia- durante un período de tres minutos durante los cuales no había pulso. Esto es paradójico, ya que típicamente el cerebro deja de funcionar entre 20 y 30 segundos después de que se detiene el corazón, y no vuelve a retomar la actividad hasta que el corazón reinicia sus latidos." Se pudo determinar que el paciente tenía conciencia en este período crítico porque manifestó haber escuchado dos pitidos de una máquina que emite sonidos cada tres minutos (un aparato que el equipo de investigación utiliza para saber cuánto dura la experiencia de los pacientes).

Entrevistado por Viva, Parnia se expresó con natural cautela frente a los alcances de su investigación, pero sin descartar su valor: "Es importante, ya que implica la necesidad de una mayor exploración para responder preguntas importantes, como el rol de los recuerdos y de los procesos neurológicos en el fenómeno".

Llegados a este punto, es conveniente hacer una aclaración. A la ciencia no le interesa, como a Platón, saber si el alma es inmortal, ni tampoco se pregunta sobre la existencia del Cielo o el Infierno; esas son nociones que entran dentro del campo de la metafísica y, como tales, no competen a la investigación científica. En cambio, lo que sí le interesa es establecer el vínculo entre la conciencia y el cerebro. La postura clásica es que la conciencia (en el habla corriente es lo que denominamos mente o, incluso, alma) es un producto de la actividad cerebral. Por lo tanto, se extingue cuando el cerebro deja de funcionar. El estudio de Parnia plantea que tal vez la conciencia no sea tan rígidamente dependiente del sistema nervioso. "Tenemos alguna evidencia -afirma el experto- de que la conciencia podría continuar después del período en que el cerebro deja de funcionar luego de que se detiene el corazón. Sin embargo, necesitamos examinar esto con estudios más detallados, de forma imparcial y sin prejuicios, para dar respuestas más claras y precisas."

Qué es una ECM. Mientras que la ciencia se preocupa por saber si existe una conciencia independiente de la actividad cerebral, muchísima gente considera que una prueba contundente de la inmortalidad del alma son los numerosos testimonios de personas que han "regresado de la muerte", de aquellos que han estado clínicamente muertos por un breve lapso y han vuelto a la vida. Típicamente, estas experiencias incluyen verse a sí mismo fuera del cuerpo, un ascenso por un túnel oscuro con una luz al fondo, encuentros con parientes fallecidos y una inefable sensación de bienestar.

La uniformidad de los relatos en los contextos más disímiles es una de las principales cartas que emplean quienes creen en la realidad tangible de estas experiencias cercanas a la muerte. Las ECM son un fenómeno muy antiguo, pero su investigación es reciente: la expresión "experiencia cercana a la muerte" (Near Death Experience, en inglés) fue acuñada por el psiquiatra Raymond Moody, en su best-seller de 1975, La vida después de la vida. Contrariamente a lo que podría pensarse, sus defensores no se limitan a creyentes religiosos y acólitos de cultos modernos. El sitio de Internet que compila la mayor base de datos del mundo de ECM, nderf.org, es dirigido por un oncólogo estadounidense, Jeffrey Long, y compila casi 4.000 casos. Consultado sobre su postura sobre el fenómeno, Long afirma de manera tajante que "no hay una explicación posible de las ECM por parte de la neurología o la psiquiatría".

La historia más impactante que conoció Jeffrey Long es la de una mujer estadounidense, Vicki Umipeg, que nació ciega y tuvo una ECM con visión, durante la cual se vio a sí misma y al entorno hospitalario en que se encontraba, como consecuencia de un accidente de autos. "Esto es inexplicable desde la medicina -afirma Long-. Para mí,las ECM son prueba concluyente de que la conciencia puede existir fuera del cuerpo físico." Long dio a conocer el resultado de sus investigaciones en 2010 con su best-seller Evidencias del Más Allá.

Todo está en el cerebro. Sin embargo, desde las neurociencias (conjunto de disciplinas que estudian el sistema nervioso) se da una explicación muy diferente. Desde esta óptica, las causas son fisiológicas, es decir, se deben a la forma en que interactúan las funciones vitales del organismo. En situaciones cercanas a la muerte, debido a un trauma o a un mal funcionamiento generalizado, el cerebro empieza a fallar. En estas circunstancias, se produce una revolución en la actividad cerebral: numerosos experimentos han demostrado que se liberan diversas hormonas y neurotransmisores que convierten al sistema nervioso en un verdadero pandemónium. En ese estado de confusión, la conciencia realiza esfuerzos colosales para dotar de sentido a ese desorden. La actividad anormal del cerebro se interpretaría, entonces, como un "viaje al Más Allá", pero en realidad se trataría, ni más ni menos, que de alucinaciones. Esa es la postura predominante en las neurociencias, y logra mantener, así, la idea establecida de que la conciencia no es más que el resultado de la actividad química y eléctrica del cerebro.

Con todo, aunque en su mayoría los científicos están de acuerdo en considerar a las ECM como trampas de la mente, juegos engañosos producidos por el sistema nervioso en una situación límite, existen posturas más abiertas. Una de ellas es la de Arturo Famulari, especialista en neurología cognitiva y del comportamiento y Director de Investigaciones Clínicas de FACENE (Fundación Argentina Contra las Enfermedades Neurológicas del Envejecimiento). Sin rechazar la posición tradicional que adjudica a la conciencia un rol dependiente del cerebro, Famulari advierte: "A mi criterio, son más exitosas las afirmaciones de aquellos investigadores que se animan a modificar el paradigma científico tradicional que las de quienes continúan con los ‘envases metodológicos tradicionales'. La explicación ‘científica' para todas y cada de una de las ECM es prácticamente la misma: el estado pre-mortem conlleva a una franca disminución de la llegada de sangre al cerebro, ésta a una disminución de su metabolismo, que puede alterar aún más la expresión de los genes y la cantidad y calidad de electricidad y química que el cerebro necesita producir. Así son las cosas, hoy. Si esta es la última y definitiva explicación a estos fenómenos, nadie se encuentra en condiciones de asegurarlo".

Famulari se refirió también a la controvertida investigación de la Universidad de Southampton, mencionada al principio de esta nota. "El estudio de Parnia es interesante porque sostiene que es posible que pueda no ser correcta la idea histórica de que los procesos electroquímicos en el cerebro crean la conciencia, y que es posible que exista ‘algo' allí que aún no hemos descubierto, y que tal vez la conciencia esté totalmente separada de él".

Entre el psicoanálisis y la religión. La psicología y la psiquiatría también han propuesto sus propios modelos explicativos sobre experiencias cercanas a la muerte. Bruce Greyson, psiquiatra de la Universidad de Virginia y una de las principales autoridades mundiales en la materia, resume algunas de esas teorías en The Handbook of Near-Death Experiencies ("Manual de experiencias cercanas a la muerte", 2009). Según Greyson, hay diversas explicaciones posibles. Una hipótesis afirma que el instante de la muerte es capaz de desencadenar recuerdos reprimidos del momento del nacimiento. Así, la paz que se percibe es compatible con la vida del feto en el útero, la experiencia de atravesar el túnel con la luz al fondo podría ser una evocación del pasaje por el cuello uterino hasta el momento del parto, en que aparece la luz cegadora del mundo exterior.

En cuanto a las vivencias paranormales que experimentan muchas personas, se ha postulado que pueden deberse a una necesidad psicológica (reconciliación con parientes fallecidos, por ejemplo), lo cual podría explicar por qué se dan incluso en ateos declarados. Otra explicación las interpreta como un mecanismo de defensa ante un evento nocivo como la muerte: la mente reacciona con una negación, generando una situación de bienestar que aleja a la conciencia de lo que sucede en su organismo. Esto explicaría los casos de despersonalización, como salirse del cuerpo.

Ricardo Rubinstein, médico psicoanalista de APA (Asociación Psicoanalítica Argentina), recuerda que, según Freud, existen dos pulsiones o instintos básicos: de vida y de muerte. Estos últimos tienden a buscar un estado de vacío, "de nirvana o estado cero. Ese alivio de las tensiones se puede asociar con situaciones de placer; la reducción de las tensiones genera sensaciones placenteras, que es lo que mucha gente experimenta en las ECM". Por otra parte, Rubinstein enmarca la representación de la muerte dentro de la categoría psicoanalítica de "angustia de castración", un estado de corte, de finitud, de pérdida. Ante estas situaciones límite, la psique buscaría, nuevamente, una respuesta evasiva que la aleje de ese momento de angustia.

Estas interpretaciones no son necesariamente incompatibles con las explicaciones fisiológicas, y hasta podrían considerarse complementarias. Sin embargo, chocan de frente con quienes creen firmemente que lo que ocurre durante las ECM es real. Muchos de sus defensores, en sintonía con las experiencias beatíficas y hasta místicas que han vivido, se declaran creyentes religiosos (mayormente cristianos, aunque hay también de otros cultos). Pero, si a numerosos sujetos su experiencia es capaz de reforzarles la fe, la Iglesia católica se maneja con suma cautela en casos como estos.

Desde que hace unos 30.000 años los antiguos neandertales iniciaron la costumbre de enterrar a los muertos, la humanidad no ha dejado de hacerse la misma pregunta: ¿hay vida después de la muerte? El cerebro, el alma, la vida y la muerte. Fenómenos complejos para los que se continúan ensayando respuestas. Hoy, la ciencia nos pone un poco más cerca de descubrir los misterios de la conciencia y de lo que ocurre más allá. Pero todavía es largo el camino que queda por recorrer.